Cuando
pienso en él, me ronda la palabra héroe. También las palabras fortaleza,
templanza, prudencia y justicia. Es un héroe por las virtudes que atesora. Reconozco,
no obstante, que es un hombre solitario, parco en palabras, pero generoso, educado
y correcto. Precavido, paciente y metódico. Pero es, sencillamente, un hombre. Desde
luego que cada uno es como es, y no pretendo ponerlo como modelo, me bastaría
con que admitan que es un ejemplo de trabajador responsable, esforzado y
silencioso.
¿Su
oficio? Es granjero. Un granjero de
Islandia que, cada año, se pone en camino el primer Domingo de Adviento atraído
por una obligación de conciencia: rescatar las ovejas perdidas y dispersas en
la montaña helada antes de que perezcan cubiertas de nieve. “Tormentas, nieve y
camino al raso”, así cantará nuestro héroe. Y en su interior resonará la presencia
del tiempo litúrgico, con sus fiestas, como la de la Inmaculada.
He
dicho que es un hombre solitario, lo dije porque sin persona alguna intentará
llevar a cabo su misión. ¿La cumplirá? No quiero hacer espóiler. Pero tiene
compañía, va acompañado de un perro, León, el papa de los perros, como él le
llama, y Recio, el carnero manso capaz de guiar un rebaño. Juntos, recorrerán
granjas dispersas y medio sumergidas en la nieve hasta llegar a la montaña, a
su glaciar. Entre medias, con una temperatura de treinta grados bajo cero, mostrará
una determinada determinación de cumplir su misión siendo, incluso, capaz de
compatibilizarla con algunos servicios particulares solicitados por los
granjeros que va encontrando en su camino.
No es
de extrañar, pues, que algunos hijos de esos granjeros deseen imitarle. Pero
¿volverán a verle? Lleva veintisiete años realizando este trabajo, tiene ahora
cincuentaicuatro, es ya mayor, dicen. “Veintisiete veces había caminado de
granja en granja hasta los confines de lo habitado en el primer Domingo de
Adviento”. Y aún seguía contemplando “con la vista aquellas tierras y las
grababa en su corazón”. Ya sus sueños de los primeros años quedaban lejanos, “aquellos
sueños que sólo él y Dios conocían”.
En fin,
es la historia de un hombre con los pies en la tierra, una tierra cubierta de
nieve, y la cabeza en el Cielo. ¿Verdad que no se ven muchos de ellos a nuestro
alrededor?
