Pero
¿de dónde salen estas ocurrencias?
Volviendo a la perspectiva de un europeo, no
es arriesgado afirmar que el mencionado preámbulo de la fallida Constitución
europea muestra la dirección que ha tomado el mundo actual o, al menos, la
dirección que pretende.
En ese preámbulo se hablaba de herencia
griega, romana e Ilustración, descartando las posibles raíces cristianas en un
intento de silenciar que, durante siglos, desde el VIII hasta el XV, Europa
llegó a ser conocida como la Cristiandad (Christianitas o Universitas
christiana). Analicémoslo por separado.
La
sabiduría cristiana al rescate de Grecia
Cuando a tantos que desean prescindir de las
raíces cristianas de Europa se les llena la boca idealizando a Grecia, es bueno
recordar que fue el cristianismo quien rescató la razón de en medio de tanta superchería.
La razón no es algo secundario en la fe cristiana.
Ya san Juan, comienza su Evangelio modificando el primer versículo del Génesis
(“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”) con las palabras: “En
el principio era el Logos”. “Logos significa tanto razón como palabra: una
razón creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón”. El
cristiano opta por la creación y la racionalidad (Dios es creador y razón del
Universo). Y deberá “dar razón de vuestra esperanza al que os lo pida”
(1 Pe 13, 15). Así, tras el Logos con mayúscula, viene el logos con minúscula [BXVI].
La razón humana y la racionalidad del mundo creado es también instrumento de
evangelización.
No es aleatoria la visión que tuvo San Pablo:
“Ven a Macedonia y ayúdanos” (Hch 16,6-10). No responde sólo a la necesidad
de expansión del cristianismo, sino que puede interpretarse también como “la
necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y el filosofar
griego” [BXVI].
La Iglesia va a rescatar el saber griego como
instrumento de evangelización y con el fin de entender mejor al hombre. Y lo
hará desde sus comienzos. Así, la pregunta de Tertuliano: «¿Qué tienen en común
Atenas y Jerusalén? ¿La Academia y la Iglesia?», es claro indicio de la
conciencia crítica con que los pensadores cristianos, desde el principio,
afrontaron el problema de la relación entre la fe y la filosofía [JPII].
Siglos más tarde, ante el peligro de que la razón
quede absorbida por la fe, Tomás de Aquino subrayará la responsabilidad propia
de la razón, la necesidad de que ésta se interrogue basándose en sus propias
fuerzas. Con este impulso, la
razón se convertirá también en una de las dimensiones fundamentales del hombre
y el saber se convertirá en virtud cristiana, vía para la Eternidad [LS].
Este siglo, el XIII, está marcado también por
el origen de las Universidades. Hubo 13 en este siglo y tuvieron un gran
protagonismo en la construcción de Europa pues en ellas nacen los modernos
sistemas jurídicos occidentales. Las primeras disciplinas universitarias
nacieron por una clara demanda social: Medicina (para curar el cuerpo),
Teología (para salvar el alma), Filosofía (para comprender el mundo) y Derecho
(porque la sociedad precisa de un orden). La Universidad fue, desde sus
orígenes, la casa común donde se busca la verdad propia de la persona humana [JRA].
Y al hablar de la Universidad, no puedo menos
que mirar la actual, donde han florecido ideologías intolerantes y se practica la
cancelación ante opiniones diversas. Al comparar la Universidad de Salamanca de
finales de siglo XVI y principios del XVII, donde se enseñaba a la vez la
teoría Tolemaica y la nueva de Copérnico, con algunas universidades actuales en
la que son expulsados profesores por afirmar que el hombre nace mujer o varón, deduzco
que se ha perdido la razón, vivimos en el siglo de la sinrazón (el XXI).
A la vez, hoy, el hombre de la calle, que se
dice tan racional, tiene opiniones sobre la mayoría de las cuestiones, pero si
le preguntas en qué basa sus afirmaciones responde: “yo no sé nada
personalmente, pero se dice que, se piensa que …” [GT]. ¿Dónde ha dejado su
razón?
No es que el cristianismo tenga o haya tenido
una filosofía, sino que se ha servido de la filosofía, comenzando por la griega.
Basta recordar el uso que hace el Aquinate de la Aristóteles o, más
recientemente, cómo se ha servido de otras filosofías, como, por ejemplo, de la
fenomenología de los discípulos de Husserl.
Resumiendo: la Iglesia desde el principio se
sirvió de la razón y hasta tuvo que defenderla. También lo hace ahora frente al
hombre vulgar que, además de ignorar la historia, a lo más se sirve de la razón
para el desarrollo de la tecnología y, en esto, además son pocos lo que la
utilizan. De todas formas, volveremos sobre ello.