No toda la realidad es visible a
nuestros ojos. Hay una parte invisible para ellos. Los científicos nos ayudan a
ver algo más. Los filósofos preguntan por ella. Los teólogos amplían su
visibilidad. Pero sólo Cristo, con su revelación, nos la muestra toda entera.
En estos días vemos un niño en un
pesebre, pero no vemos lo invisible del Niño. Lo invisible de ese Niño es que
es Dios. El Niño que vemos es el Dios que no ven los ojos de la cara.