sábado, 9 de enero de 2021

"La piedad peligrosa"


 

Stefan Zweig escribió un libro con este título. Un hombre que muestra piedad por una inválida, que ésta malinterpreta, se casa con ella -también por piedad- dando lugar a un matrimonio fracasado.

La reciente Ley de Eutanasia, pedida por una reducida minoría y aprobada con mayoría en el Congreso, que dejará sin presupuesto a la especialidad médica de cuidados paliativos, basó su propaganda en uno de los obstáculos que impiden captar el valor profundo de toda vida humana: una errónea comprensión de la “compasión”. Para no sufrir es mejor morir: es la llamada “eutanasia compasiva”. Y así empieza el plano inclinado de esta inhumana ley: matando al prójimo por amor al prójimo. Un plano que acaba: matando al prójimo porque no es como nosotros queremos que sea. Cuando, en realidad, la compasión es acoger al enfermo, ofrecerle afecto, atención y medios para aliviar su sufrimiento. Esto es, cuidarlo aunque no pueda ser curado.

Siguiendo con los libros, compartiré una escena de “Job o la tortura de sus amigos”, breve y jugoso librito del filósofo Fabrice Hadjadj. Los protagonistas de esta escena quinta son Job y su mujer: descansa Job en la cama cuando es visitado por su mujer que le habla así: “dentro de mí, tu dolor es peor que el mío”, “el grito que brota de tus labios me desgarra las entrañas”, “¿cómo soportar verte en este estado?”, “yo sufro demasiado al saberte sufriente”. Responde Job: “Estás junto a mí, querida mujer, y este hospital se transfigura en palacio. Esos vendajes son adornos de fiesta”. Hasta que aquella dice: “He venido para proporcionarte el remedio,…, Esta inyección, …, Es el pinchazo de la bella durmiente, …, Despertarás en un mundo donde no existe ya dolor, …, Es absolutamente indoloro”. Entonces, replica Job: “El hecho de que tú pretendas para nosotros una separación indolora no puede sino aumentar más mi dolor”.

Esta mujer puede representar a familiares, amigos o personal sanitario que en vez de saber estar, velar o consolar (ser-con en la soledad), transformándose así en presencias llena de esperanza, se niegan a aceptar a los que sufren, incapaces de contribuir mediante la verdadera compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado. Prefieren manipular la vida del otro y, es que, estas leyes provocan una gran insensibilidad hacia el cuidado de los enfermos. Con palabras de Job: ¡qué abismal puede llegar a ser la abominación!

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