sábado, 15 de abril de 2023

Deconstruir desde el poder

 

 

Era la noche del lunes, en el Carlos Belmonte, durante el descanso del partido. Mientras se formaba una larga cola para entrar en los lavabos de hombres, justo en la puerta de al lado, la del aseo de mujeres, ellas entraban o salían sin necesidad de formarla. Entonces me dije: ¿qué pasaría si dijera que me siento mujer y me meto en este aseo?, así no tendría que hacer cola. Pero acaso ¿alguien se atrevería a decirme algo? El atrevido que lo hiciera ¿no sería tachado de facha u homófobo por alguno o alguna? Más aún, ¿quién se arriesgaría a invadir el espacio de uno que se siente mujer teniendo en cuenta la ley del sí es sí?

El ejemplo puede parecer trivial, pero algunas de las leyes aprobadas por nuestro parlamento sólo traen desorientación. En naciones más trasparentes que la nuestra se conocen casos reprobados por la mayoría de sus ciudadanos. Como la ley sobre la autodeterminación de género aprobada por el Parlamento escocés en diciembre, que reduce la edad para poder cambiar de género a los 16 años y elimina la necesidad de un diagnóstico médico. Una ley que tuvo consecuencias pues, recién aprobada, Isla Bryson era condenada por violar a dos mujeres cuando se llamaba Adam Graham, y, debido a las quejas, tuvo que ser trasladada de la prisión de mujeres de Cornton Vale, donde permanecía mientras era juzgada, a una prisión masculina para cumplir su condena. También tuvo consecuencias políticas: la dimisión de la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, y el bloqueo por primera vez en la historia de una ley por parte del gobierno de Gran Bretaña. Como aquí, que nadie dimite y se llevan las manos a la cabeza cuando se aplica el 150 ante un golpe de Estado.

Toda ideología presenta una visión de la realidad que aspira a propagar mediante la conquista del poder. La auténtica realidad importa poco, es la imposición de su visión lo que pretende y, para ello, necesita el poder. Lo que está sucediendo en España, conejillo de indias de todas las ocurrencias, es clara muestra de ello. Desde el Gobierno, un grupo minoritario de ciudadanos está imponiendo su propia ideología mediante una legislación bien arropada por una acción pedagógica que dispone de todos los instrumentos del Estado.

Sus desbaratadas ocurrencias hacen crujir el suelo firme sobre el que se ha cimentado esta civilización. Han deconstruido la familia, la maternidad y la paternidad. Y pretenden deconstruir al varón y a la mujer. Han dado el mismo rango al matrimonio entre varón y mujer que a la unión entre dos varones o dos mujeres. Han extendido artificialmente la disforia de género entre los niños facilitándoles la hormonación, la mutilación y las prótesis gratuitas, como sucede en Navarra.

Y, frente a un celo aparente por la infancia, pretenden emanciparla de sus padres para que sólo atiendan al Estado. Pronto la patria potestad será el Estado potestad. De hecho, han deconstruido el concepto de Estado, que ha pasado a ser la larga mano de un Gobierno que se erige en maestro y juez. Otra vez la función pedagógica del Gobierno. No es un lugar común decir que esta imposición de las costumbres de una minoría para desarraigar las costumbres de la mayoría es una auténtica ingeniería social que va calando acríticamente en una ciudadanía cuyas nefastas consecuencias sufrirán las inmediatas generaciones posteriores.

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